Tregua rota en Buenaventura, mientras el Gobierno anunciaba diálogos, los Shottas secuestraban a una comerciante
Buenaventura vive una de sus contradicciones más dolorosas en materia de paz. El mismo día en que el delegado del Gobierno nacional anunciaba que las bandas criminales Shottas y Espartanos retomaban su voluntad de diálogo, uno de esos grupos presuntamente secuestraba a una comerciante reconocida por la comunidad. El hecho sacudió no solo a los barrios donde vive la víctima, sino al proceso de paz que desde 2022 intenta construir una salida negociada a la violencia en el puerto colombiano sobre el Pacífico.
El secuestro de Risary Caldas Valtán
A través de un comunicado, la delegación del Gobierno nacional en la mesa sociojurídica de paz de Buenaventura denunció el secuestro de Risary Caldas Valtán, una comerciante del puerto reconocida por la comunidad de los barrios Kennedy, donde reside, y Juan XXIII, donde usualmente trabajaba.
Al parecer, la mujer fue interceptada en la mañana del domingo por hombres armados, quienes la obligaron a irse con ellos, y hasta el momento no se tiene información sobre su paradero. Según el comunicado, los responsables serían integrantes de la banda criminal Los Shottas, con la cual se están sosteniendo diálogos actualmente en el proceso de paz del Distrito.
El momento más contradictorio del proceso
El 12 de abril de 2026, la delegación del Espacio de Conversación Sociojurídico emitió un comunicado señalando: "Desde muy temprano del día de hoy nos enteramos del secuestro de la señora Risary Caldas Valtán, hecho en el que, según información preliminar, están vinculados sujetos pertenecientes al grupo Shottas. Si es esta organización criminal la responsable, le exigimos adelantar las gestiones necesarias para liberar a la señora secuestrada".
El propio documento oficial reconoció la contradicción: "Quebrantando flagrantemente los derechos de personas y más, haciéndolas objeto de delitos tan execrables como este, jamás podremos ninguna paz posible. Apenas hace unas horas nos comunicaron verbalmente y por escrito su decisión de cesar actos criminales y de barbarie como el perpetrado la noche anterior".
El contexto: capturas y nuevas esperanzas truncadas
Las capturas de alias Diego Optra, máximo cabecilla de los Shottas, en febrero de 2026 en Madrid, España, y de alias Mapaya, líder de los Espartanos, la semana pasada en Bolivia, motivó al delegado del Gobierno, Fabio Cardozo, a instar a estos grupos a sentarse realmente en la mesa por una paz en el casco urbano y rural.
Cardozo había expresado confianza en el proceso: "Yo creo en las segundas oportunidades y esta puede ser una segunda oportunidad para estos jóvenes que escogieron el crimen". Sin embargo, expertos consultados por El Tiempo reiteraron que las negociaciones han sido muy débiles por la carencia de un marco sociojurídico sólido y porque ambos grupos han continuado delinquiendo sin mostrar verdadera voluntad de paz en los últimos cuatro años.
Una guerra que lleva años cobrando vidas jóvenes
La Defensoría del Pueblo encendió las alarmas con un contundente informe. Entre febrero y marzo de 2026, hubo al menos 23 asesinatos —principalmente de jóvenes entre los 17 y 30 años— en medio de disputas entre estos grupos armados organizados y sus aliados por la expansión del control territorial y persistentes vulneraciones a los derechos humanos.
El informe también documentó la consolidación de fronteras invisibles, restricciones a la movilidad, confinamientos de facto, reclutamiento de menores de edad, desapariciones forzadas, extorsiones a comerciantes y transportadores, y enfrentamientos armados con afectaciones a viviendas y a la movilidad de la población.
La Defensoría fue enfática: "Esto evidencia el incumplimiento de los compromisos de desescalamiento de la violencia y la insuficiencia de la respuesta estatal".
Una tregua que nunca se sostuvo del todo
Shottas y Espartanos manifestaron una aparente intención de tregua desde el 2 de octubre de 2022, con un partido de fútbol que fue ratificado el Día de las Velitas ante el presidente Petro y la vicepresidenta Francia Márquez en Buenaventura. Sin embargo, en los años siguientes las matanzas continuaron de manera selectiva, dirigidas a miembros y familiares del bando contrario. Fuera del país, ambas bandas han seguido delinquiendo en países como Chile.
El secuestro de Risary Caldas Valtán no es solo un crimen: es el símbolo de un proceso de paz que sigue fracturándose en tiempo real, mientras las comunidades de Buenaventura pagan el costo con su libertad y sus vidas.
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!
Deja tu opinión