Opinión

Eso nunca se había visto

09 junio, 2026 InfoReal
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Eso nunca se había visto

Dejemos la política de lado por un instante y sentémonos a pensar. Después de todo, como dice la canción Mi desengaño de Roberto Roena, “la vida ha de continuar”. Pero esa continuación debemos afrontarla en medio de una realidad cada vez más evidente: el cambio climático.

 

Sé que este es un tema que divide opiniones; están quienes lo creen y quienes lo consideran un invento de ambientalistas. Yo sí creo en el cambio climático, no por una moda ideológica, sino porque cada vez encuentro más difícil ignorar lo que veo a mi alrededor. Y es precisamente desde la experiencia cotidiana que quiero argumentar.

 

El primer ejemplo ocurrió en febrero, cuando Córdoba vivió una emergencia provocada por un frente frío inusual en el mar Caribe. Lo llamativo no fue solo la intensidad de las lluvias, sino que ocurrieran en pleno febrero, un mes históricamente seco en la zona. Cuando vivimos acostumbrados a ciertos ciclos, creemos conocer el comportamiento del clima: sabemos cuándo sembrar, cuándo esperar las aguas y cuándo prepararnos para el verano. Por eso, ante lo extraordinario, la reacción inmediata es preguntarnos ¿qué pasó?

 

La respuesta que más escuché fue sencilla y contundente: “Eso nunca se había visto”. Quizás la frase no sea técnicamente exacta, pero refleja la profunda sensación de que las cosas ya no marchan como antes.

 

Meses después llegó otro episodio difícil de obviar. Durante mayo, un mes típicamente lluvioso, la región Caribe soportó una intensa ola de calor que elevó la sensación térmica a niveles extremos. Es cierto que el calor siempre ha sido parte de nuestra identidad costeña —nadie dirá que somos una región fría—, sin embargo, también es verdad que se volvió común escuchar un lamento antes poco frecuente: “Estos calores no se habían sentido”.

 

Ahí vale la pena detenerse. El calor no es nuevo, las lluvias tampoco y los frentes fríos han existido siempre, lo que parece estar cambiando es la intensidad, la frecuencia, los tiempos y la forma en que estos fenómenos se presentan.

 

Como si faltara una señal, llegó junio. Este mes, que normalmente marca una transición y suele ser relativamente seco en buena parte del territorio, inició con fuertes aguaceros en varios departamentos del Caribe. Tras una de esas tormentas, al encender las luces de mi casa, aparecieron por cientos las conocidas “moscas de mayo” (hormigas en su fase reproductiva). Su presencia suele anunciar las lluvias de mayo, pero esta vez, al parecer, tuvieron que esperar hasta junio. Allí me sorprendí pronunciando la misma frase que tantas veces escuché en boca de otros: “Esto sí nunca lo había visto yo”.

 

No pretendo cerrar el debate ni convencer a quien piensa distinto; simplemente quiero dejar clara mi posición. Negar el cambio climático hoy implica ignorar las señales que tenemos enfrente: temporadas de lluvia más severas, sequías prolongadas, temperaturas récord y fenómenos que rompen los patrones conocidos.

 

Tal vez la discusión ya no debería centrarse en si el cambio climático existe o no. Quizás la verdadera pregunta sea cómo nos estamos preparando para convivir con una realidad que ya no habita únicamente en informes científicos, sino en las conversaciones cotidianas de la gente cuando dice, con genuina sorpresa: “Eso nunca se había visto”.

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